De pronto, miró el reloj y se dio cuenta de lo tarde que era...
Después de cenar, se había puesto a leer y, sin darse cuenta del transcurso del tiempo, le habían dado las tres y media de la madrugada.
Decidió irse a la cama pues al día siguiente, tenía que levantarse bien temprano. Cerró el libro y lo dejó en la mesita que tenía a la izquierda, Se levantó del sillón, desconectó el brasero y apagó la luz del flexo.
Caminó por la habitación en la oscuridad en dirección a la puerta.
De repente, tropezó con un vacío imprevisto. Sintió un gran desconcierto porque conocía el pequeño espacio que comprendía la habitación, así como los pocos muebles y objetos que en ella había. Extendió los brazos con intención de palpar algún objeto conocido, pero no consiguió tocar nada. Dio unos pasos en la dirección en que hubiera asegurado que estaba la puerta que comunicaba con el pasillo. Volvió a extender los brazos, pero sus manos sólo se encontraron con un nuevo vacío. Se quedó inmóvil, sin dar un paso más, replegó sus brazos y sintió un escalofrío recorriéndole la nuca.
Entonces, comprendió que nunca más iba a encontrar la pared.