Mi padre decía...
Mi padre decía: cualquier mal del sentimiento sólo se cura en el campo. Pero no en el campo como algo contemplativo, sino plantando, quitando malas hierbas, acarreando piedras, sudando, doléndote la espalda, teniendo sed, picándote las avispas, dándote golpes, cavando, regando, viendo crecer lo sembrando, fumando un cigarro con la mirada perdida en el atardecer, observando los primeros brotes...
Así decía mi padre que se curaba cualquier dolencia que el sentimiento nos provoque:
la soledad
la frustración
el dolor
las ausencias
la desilusión
el sin sentido de todo
la culpa
la rabia
la inseguridad
la humillación
la desesperación...
Te curarán las hormigas
te curarán las higueras
te curarán los donpedros
te curarán los alcaparrones
te curará el río
te curarán las avispas
te curarán las albercas
Las culebras y las ranas, siempre a su bola;
las adelfas, tan presumidas y traicioneras;
la jara y el tomillo, tan duros, tan de verdad;
las parras, siempre exigentes, tan sedientas;
te hablarán las piedras, si sabes interpretarlas, verás que otros desesperados pasaron antes que tú.
Las violetas, las violetas son débiles pero alegran.
Observa el jazmín, cómo trepa hasta tu dormitorio sólo para que tu sueño sea dulce.
La hijuela no es nada, es como tú, nada, no es río ni afluente. Ya te digo, apenas nada. Es un bracito de agua, pero cuando te tumbas en tu cama, y no tienes dónde agarrarte, la hijuela te acompaña, siempre pasa a la misma hora, y ya no estás tan sola.
El manzano y el albaricoque, tan dignos... pero siempre dispuestos a calmar tu sed.
¿Y los tomates? Cuántas veces te escoindías entre ellos y te sirvieron de confidentes, guardando tus secretos, y, a cada dentellada tuya, ellos orgullosos te regalaban un chorreón de líquido rojo que caía por tu barbilla y por tu cuello, y tú, ya eras otra.

lot dijo
Paseo la base psicoactiva plena de ebriedad por los lares de la nausea del superyó, sin otro fin que la lenta destrucción del estar, de la autoaniquilación lenta; exterminio es la palabra que busco entre la basura del vertedero interior, cabalgando.
Lóbregas calles tacañas y empedradas de boca de caracol redundando los ángulos de parques y aparcamientos distorsionados que apestan, insistentemente por igual, a orín y vómito biliar oxidado.
Luces de bujías sin cabo que alumbran a soles de seda y satén, a estrellas de hilo y filamentos manchadas por el lento odio civilizado de ardientes corazones negros, pero lavados por la avaricia de vivir mejor.
Hastío el termino que mejor define existir en estas metrópolis sin fin como el mismo universo, pero sin concierto ni orden, sin equilibrio ni pértiga; narcótico de lama que persiguimos el prójimo para esquivar la tortura de amanecer por el oeste, de la aurora seca como los ojos del difunto.
Hacia donde va la cultura del arrebato, de la vehemencia de reptiles de un mes sin consumir un peludo roedor, del ir y venir sin ningún objetivo que cubrir sino ensanchar la faltriquera de un perro feudal autodenominado capital.
Y aun así, a pesar de pesar, te vivo... , maldita estupidez¡¡¡
16 Julio 2007 | 11:11 AM